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Lo que no te cuentan en Avon. 3ª Parte.

Este es el último post de la serie “Lo que no te cuentan en Avon”. En los post anteriores os contaba varias aspectos que no te cuentan cuando te haces distribuidora, otros que te cuentan “a medias” y otras cosas que “maquillan” para que no parezcan lo que son.

Como os decía al principio del todo, no es mi intención disuadirte de ser distribuidora, sino que puedas contar con el máximo de información en tus manos si lo haces, ¡el conocimiento es poder!

En conclusión, ¿es Avon una fuente de ingresos? En mi experiencia y opinión, la respuesta es no. Lo que puedes ganar no llega ni al nivel de considerarse “ingresos extra”. Si tienes en cuenta el poco margen de beneficio, al lado del tiempo que te lleva todo el proceso de venta (distribuir catálogos, resolver dudas, hacer el pedido, recoger el pedido, preparar y distribuir los pedidos...) no compensa. Ya no te cuento si tienes que gastar en gasolina o transporte público para hacer entregas. Seguro que alguna persona hay que tiene “mucho éxito” y se gana la vida con ello, pero creo que no es el caso de la media.

Entonces, ¿sigo siendo distribuidora? Sí, sigo siendo distribuidora. ¿Porqué? Os explico.

No veo Avon como una fuente de ingresos, ni como un medio de ganarme la vida, sin embargo sí que lo veo como una forma de ahorrar. Consigo los productos que utilizo de forma cotidiana un poco más baratos o, incluso gratis. Con el pequeño margen de venta que me queda, puedo comprar los productos que necesito yo y ¡eso que me ahorro!. Además, siempre estoy al tanto de los precios y ofertas de los productos, por lo que los puedo comprar en el momento que están más baratos.

Eso sí, ni compro catálogos, ni compro muestras, ni vendo a gente a la que me suponga tiempo (o gasolina) extra entregarle el catálogo, el pedido...porque entonces ni gano, ni ahorro, ¡pierdo dinero!

Resumiendo, considero Avon una tienda en la que compro con descuento más que un medio para ganarme la vida. Algunas de las cosas positivas que tiene para mi son:

- Poder comprar “a distancia”: no soy nada aficionada a los centros comerciales, me encantan las compras online así que, en ese sentido, me gusta comprar en Avon, me ahorro desplazamientos, tiempo y aglomeraciones.

- No tienes que hacer pedido obligatoriamente: así que hago pedido cuando me apetece y me conviene.

- La política de devoluciones: esto es lo mejor de todo, puedes devolver cualquier producto, ¡incluso abierto y usado! Esta garantía no te la da ninguna otra empresa que yo conozca. Es decir, si compras un maquillaje y te das cuenta que no te va bien el tono cuando ya lo has abierto (y probado) ¡lo devuelves! Y ,además, te devuelven los gastos de envío si lo mandas antes de dos semanas. Esto te permite comprar, y probar productos nuevos, con mucha tranquilidad. En cualquier otra tienda si lo has abierto y no te gusta “te lo comes con patatas”.

En fín, esta es mi experiencia con Avon. Seguro que muchas de vosotras también sois o habéis sido distribuidoras, ¿vosotras qué opinais?

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